viernes, 24 de abril de 2009

Carta a Lorenzo

Lorenzo:

Me siento en la obligación de explicarte, queríamos revolución, no sangre, y uniformes con polleras y besos, pero con el tiempo se aprende a sacrificar para imponer, a conspirar para demostrar valentía, por mas crueles e invalidas que parezcan las torturas y el rigor infringidos, mas allá de la carne que no es la única que sangra debían sernos útil la agonía, el contacto, la guerra, por mas tristeza y desgracia que provoque la violencia y la injusticia, aprendimos a usarla, a venderla, y salir beneficiados.
Participamos del mas cruel genocidio por simple ideología, combatimos balas con cuchillos, y absurda militancia con anarquismo mas absurdo y desquiciado todavía. E
ramos rebeldes, complicados, peleadores, pero no asesinos. Débiles e inestables, pero no victimas.
Nadie motivó esa masacre de represión en la que nos mentían sobre cadenas rotas, nadie distinguió cuantas veces renací, de que
manera me exilie para no creer mas blasfemias.
Fueron momentos claves, poleas peligrosas de soltar y peces gordos, cuerdas tirantes, inquietudes que necesariamente había que tensar o saltarían mutilando el orden.
Nos involucramos de una manera tan comprometida y nauseabunda con el poder, eramos el poder, capaces de extinguir o sostener, de ahogar o hervir en ese liquido vestido de sociedad, tanto que nos asustaba organizar el porvenir, planificar a futuro, mirar demasiado hacia delante, ya que a veces nos alegraba sorprendernos vivos, libres o hasta consientes, tanto que a veces simbólicamente me apetecían un par de esos escándalos tuyos para desordenarme un poco.
Nunca quisimos ser mas que mentiras muy crédulas. Después vinieron esas escenas que se libraban detrás del telón, mas fuertes y mas actuadas, la realidad intentaba subir de nuevo al escenario.
Tantas veces perdí la memoria que ya olvide donde volver a buscarla, cuando forcejeaban las angustias disfrazadas de disfraz, el anonimato era la belleza mas grande, era mi piedra preciosa, mi lapislázuli.
Se les había pasado avisarnos que la libertad no es tan libre como pensamos,
que la riqueza no es tan suntuosa y el apasionado coraje por vivir no eran mas que hormonas ácidas y rebeldes, que terminarían por marchitarse cuando al sol de la primavera le emocione parecerse al invierno.

Quiero que entiendas, aunque acabes por no aprobarme, que cuando se dieron por terminadas las bombas de pensamientos vimos estallar otras menos peligrosas, pero tan explosivas como las lágrimas, y confundimos la patria con aquellos muertos que se gestaban en el interior, el núcleo, ardiendo, estallaría en cualquier momento.
No te voy a mentir, el único placer era hacer ruido, cuanto insípido y sordo ruido hicimos para cortar un silencio de muertos, ya estaba bastante cansada de fingir estar dormida, no respirando, porque yo era la mas mujer, un poco mas de lo que lo soy ahora, una historieta en blanco y negro que no le gustaba pintarse de rosa chillón, otra Mafalda que como soldado impo
nía respeto femenino donde a veces la intensidad era demasiada.
En realidad prometí y prometieron por mi, sabiendo que no habría “había una vez” ni torres y castillos, ser mujer era vivir en suspiros de versos, en mentiras piadosas de sirenas terrestres, en flores eternas del Romanticismo, pero ¿No es mas hermoso ser inspiración que musa?
Terminábamos de empezar y ya teníamos que empezar de nuevo, con miedo de mirar el cielo desteñido. Como capitán de pelotón fui capas de ponerme pantalones en las piernas y escudos en el alma para ser una mas, pero la única, para alborotarle los cabildos a los dirigentes y las catedrales a los padres, los hijos y los espíritus santos.

Necesito jurarte que se hizo tarde para responder a tus cartas de despedida, es que eran todas tan monótonamente iguales, la escritura de prolijos renglones conformando ese collage de puntos apartes, lo unico que esperaba era que del papel salieran nuestros minutos perdidos y me besaran en la boca, la tinta como dedos mágicos. Lorenzo, asi y todo siguen confundiéndome los aromas y la oscuridad se esfuma entre plazas y plazas llenas de palabras hermosas que no van a volver nunca, caminos largos, árboles y suelos verde amatista, esmeralda, amuletos artificiales que miran, la trinchera y las armas, se mezcla, se olvida, vuelve y otra vez a volverse a mezclar.

Perdón, lejos en la frontera sabia que necesitaba tu cuerpo, tus palabras, esas palabras que me rocen, el calor para entregar todo, cualquier cosa, tomar valor y dar otro disparo. Perdón, en eso momento no llegaba a acordarme, en ese momento el todo se confundía con las partes, las partes con la nada, la metonimia sustituía tu presencia por ese mundo de lanzas.
Lia

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La Mentira.. tiene?.. patas cortas.
Lia No era petiza.. era?.. mentirosa.
-Que te pasa nena? estas chorreando.
-Ves que sos un idiota Lorenzo, estoy llorando, ni eso podes respetar? llorando para ver si puedo lavarme un poco el alma.
-Es que no te entiendo, sera que yo me lavo el alma con mate, che..